El jinete sin cabeza atravesó raudo el puente de madera que
separaba su país del mundo de los vivos.
Lejos de causar temor, como sucedía al otro lado del puente,
una muchedumbre se arremolinó inquieta esperando las noticias que portaba el
jinete.
Éste se tomó el tiempo suficiente para recuperarse de su agitada
cabalgada. Al recobrar la presencia de ánimo tomó su propia cabeza y con
acostumbrada destreza volvió a encajarla entre sus hombros.
Con aire inquieto dijo: “Nuestras peores pesadillas se han
hecho realidad. Una horda de gente sin ningún tipo de vergüenza se acerca veloz
hacia nuestro poblado. Quieren retratarse en todos los rincones donde estuvo el
mítico Sleepy Hollow. Quieren ver su tumba, comer dónde él comió, profanar el
lecho en el que descansó, incluso amenazan con difundir el lugar en el que miró
románticamente a la Luna por primera vez.”.
El jinete sin intención de descabalgar de su montura,
inclinó apesadumbrado la cabeza y con apenas un hilo de voz añadió: “Les
entretendré todo el tiempo que me sea posible…huid” . Tiró de las riendas de su
corcel para regresar hacia el puente y plantar cara a aquellos miserables
desvergonzados que con sus antorchas iluminaban sin ningún tipo de pudor una
hermosa noche sin luna.
A sus espaldas el pánico se apoderó de todos los moradores
que sin perder un instante abandonaron en sus casas pertenencias, recuerdos y
vidas. Subieron a lomos de sus caballos negros embozados en negras capas,
partiendo al galope al tiempo que se quitaban la cabeza de los hombros para que
nadie pudiera ver la horrible mueca que dibujaba en su rostro la mezcla de
miedo a los invasores y de vergüenza por tan apresurada huida.
Al galope partieron, en solitario, dejando a su espalda el
maldito puente y dirigiendo la desbocada carrera de los corceles hacia el
acantilado que les defendía del mundo de los vivos. Al llegar al borde del
precipicio espolearon con mayor furia a las bestias cuyos cascos comenzaron a
pisar con fuerza la madera de docenas de puentes que brotaron de la nada, para
permitir el éxodo de los jinetes sin cabeza a otros mundos en los que la gente
sentiría miedo al oír el galope de un jinete que oculta su cabeza por
vergüenza.




4 comentarios:
Si es que ya no se respeta nada... Buen relato, Markos
Grande.
¿Sionistas? (#sarcasmo).
Me gustó.
@Paco
Sí los hay con una poca vergüenza... :-) Gracias
Salu2
@JuanjoSaurio
Tú más :-)
Salu2
@Necro
Chulo el sarcasmo :-) Me alegro de que te gustara. Gracias
Salu2
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