¿Alguna vez te has preguntado por qué el año acaba el 31 de diciembre? Así a bote pronto se te puede ocurrir que porque el 32 de diciembre no cuadra bien. O simplemente que da igual, si total para irse de fiesta cualquier excusa es buena.
Lo que voy a contar se muy sencillo, pero antes me gustaría que hicieras el pequeño esfuerzo de pensar un poco cómo era la vida hasta que la revolución industrial comenzó a alejarnos de la vida rural.
La vida rural estaba regida por los ciclos agrícolas y ganaderos. La vida estaba organizada en función de las faenas del campo que no se hacía por capricho, gusto o para pillar una subvención, si no porque si no lo hacías bien literalmente te morías, por hambre o por alguna enfermedad provocada por la debilidad derivada de comer deficientemente. Y aún haciendo las labores bien y en su momento, podía aparecer una plaga que diera al traste con todo el esfuerzo de un año, como el hongo que acabó con la producción de patata e hizo morir de hambre a millones de irlandeses provocando que otros muchos emigraran a Estados Unidos o a Galicia por ejemplo.
Otro pequeño esfuerzo más y ya lo junto todo.
Los celtas hace miles de años que ya celebraban el solsticio de invierno (Yule) y una de las razones por las que lo celebraban era simplemente que no tenían otra cosa que hacer. El invierno era duro, frío, inhóspito y la actividad se reducía a mantener vivo el ganado, sacar algún nabo de debajo de la nieve y sobrevivir los meses más duros del año con lo cosechado en verano y en otoño. El invierno era un impás tenso, en el que se tenían que entretener de alguna forma. De modo que mientras se abrigaban entorno al fuego, contaban historias, cantaban. Y como tenían tiempo libre engalanaban sus viviendas, bebían, el que podía mataba algún cerdo y como no había frigoríficos se daban el gran atracón con lo que no se podía ni salar, ni ahumar. En esa época de pocas horas útiles de luz hacían alguna comida más fuerte y podían dedicar tiempo extra a los niños tallándoles cualquier fruslería de madera para alimentar la ilusión de los infantes antes de que pasen a la dura vida adulta. Luego ya llegaron los avispados obispos cristianos, que se dedicaron a cambiar de nombre las festividades preexistentes y meter poco a poco sus rituales, pero sin conseguir eliminar la esencia pagana de los mismos.
Y esa forma de vivir se mantuvo en la sociedad rural desde que decidimos dejar de ser cazadores nómadas, hasta hace no mucho tiempo.
En realidad el invierno era la parte final del año y permanecía casi aletargados hasta que comenzaba la primavera y con el buen tiempo se podía empezar a sembrar y labrar el campo. De hecho las estaciones se siguen nombrando Primavera, Verano, Otoño e Invierno.
De hecho hace 2200 años los romanos comenzaban el año en los idus de Marzo (el 15). Y el año comenzaba en esas fechas porque antes no tenía sentido hacer nada. Los campesinos estaban escondidos y las legiones guardadas en los hiberna, no por carpricho si no por mera subsistencia. Por si fuera poco los organizados romanos nombraban los cónsules en los idus de Marzo y el elegido tenía que cumplir su misión en un año, que era lo que duraba su nombramiento.
Así que en tiempos de Viriato, el cónsul recién nombrado, todo contento agarraba sus legiones y partía de Roma hacia Hispania, para intentar doblegar por la fuerza al maremagnum de tribus que poblaban la península ibérica. Que eran muchas, muy diferentes, pero con un denominador común que todavía conservamos: una gran capacidad para tocar las narices. Así que durante el siglo II de antes de la era actual, Viriato consiguió detener el avance de Roma por la península durante unos cuántos años. Hecho que soliviantaba sobre manera al Senado romano.
Viriato fue el más famoso, pero en realidad antes, después y durante sus exitosas batallas, hubo muchos caudillos más que dieron para el pelo a los romanos. Hasta el punto que el poderoso cargo de cónsul, que antes era un cargo muy goloso entre los patricios romanos, pasó a ser un marrón del tamaño del Coliseo de Roma.
En aquella época (siglo II antes de cero) los cónsules romanos (2), eran elegidos por el Senado en los idus de Marzo, que era cuando empezaba el año. Pero como la conquista de Hispania se estaba convirtiendo en una afrenta para la todopoderosa Roma, decidieron que había que hacer efectivo el nombramiento de cónsul antes para que al llegar la primavera el cónsul y sus legiones pudieran estar en Hispania repartiendo tortas.
De este modo en el año 153 de la era pasada, el senado romano decidió que al año empezara el 1 de Enero. El cónsul agraciado con este honor fue Quinto Fulvio Nobilior, que tuvo como misión dar un escarmiento a los Belos que el año anterior había fortificado Segeda (cerca de Zaragoza) en contra de los acuerdos que había con Roma y que se había refugiado en Numancia para poder defenderse mejor. (lo cual fue el detonante de las Segundas Guerras Celtíberas). Hay que tener en cuenta que este cambio del inicio del año no tuvo el efecto deseado, ya que el amigo Quinto fracasó considerablemente en su empeño de conquistar Numancia sufriendo una derrota humillante el 23 de agosto. A quién se le ocurre provocar a los hispanos en pleno mes de agosto, con lo que nos mosquea que nos fastidien las vacaciones!!
En aquella época (siglo II antes de cero) los cónsules romanos (2), eran elegidos por el Senado en los idus de Marzo, que era cuando empezaba el año. Pero como la conquista de Hispania se estaba convirtiendo en una afrenta para la todopoderosa Roma, decidieron que había que hacer efectivo el nombramiento de cónsul antes para que al llegar la primavera el cónsul y sus legiones pudieran estar en Hispania repartiendo tortas.
De este modo en el año 153 de la era pasada, el senado romano decidió que al año empezara el 1 de Enero. El cónsul agraciado con este honor fue Quinto Fulvio Nobilior, que tuvo como misión dar un escarmiento a los Belos que el año anterior había fortificado Segeda (cerca de Zaragoza) en contra de los acuerdos que había con Roma y que se había refugiado en Numancia para poder defenderse mejor. (lo cual fue el detonante de las Segundas Guerras Celtíberas). Hay que tener en cuenta que este cambio del inicio del año no tuvo el efecto deseado, ya que el amigo Quinto fracasó considerablemente en su empeño de conquistar Numancia sufriendo una derrota humillante el 23 de agosto. A quién se le ocurre provocar a los hispanos en pleno mes de agosto, con lo que nos mosquea que nos fastidien las vacaciones!!
Así que la causa de que te corras una juerga monumental pasando más frío que los juanetes del Yeti, la tienen unos señores muy recios que hace 2200 años no les salía de las narices dejarse doblegar por la potencia hegemónica del momento.















