postHeaderIcon Tribulaciones de un marido de compras



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Empieza todo de maravilla, estoy fresco, son las 10 de la mañana. He entrenado duro para esta prueba. El centro comercial está casi vacío y soy el único hombre entre docenas de mujeres que me ignoran mientras agitan prendas colgadas de las perchas. En ese momento pienso que es mejor que una jauría de mujeres te ignore a que la tome contigo como si fueras un stripper, a los que admiro, no por sus cuerpos esculturales y bronceados, si no por su arrojo y falta de apego a la vida al enfrentarse a una multitud de mujeres enardecidas.

Así que aprovechando que tengo operativas las 3 neuronas, repaso mentalmente las tiendas de ropa que hay en el centro comercial...hay más de veinticinco...pero sé que no será posible ir a todas porque moriré antes entre dolorosas convulsiones provocadas por tanto estrés visual. Si ya es complicado abrir un armario de casa y encontrar el "abrigo green marruecos" antes de que te griten que la "camisa gris marengo" es ESA! imagina en un sitio en el que hay miles de prendas...iguales. Si tengo dificultades para distinguir una lechuga de un chopo, como voy a poder distinguir una falda de un top o de un cinturón??

Para un hombre es de un estrés asfixiante ir de tiendas con una mujer, porque la gran mayoría somos incapaces de distinguir más de 8 colores. Dicen que algunos hombres superdotados pueden distinguir 16, como los antiguos spcetrum. Incluso la leyenda asegura que hay hombres que saben qué color es el rosa palo, que distinguen entre el color burdeos y el cariñena, y que son capaces de poner nombre a más de 5 tipos distintos de color marrón cagarruta.

Pero yo ya estoy muy entrenado en estas lides y mientras mi cerebro se mantiene fresco puedo esquivar las preguntas con frases evasivas del tipo
"ese te queda muy bien" (como todos)
"el color es muy favorecedor" (esa funciona, ella no va a elegir algo de un color que no le favorezca)
"yo te veo bien"(tengo las lentillas recién graduadas)
"se lleva mucho ahora" (ojo, si en la tienda pone algo de factory o outlet...no usar)

Pero cuando ya llevas un par de horas viendo prendas y más prendas, ya no recuerdas no sólo el nombre de la tienda, ni la hora del día, ni las medidas de Kim Bassinger. Así que la calidad de las respuestas cae en picado y te puedes sorprender con frases como:
 "yo pensaba que era un top, no una falda"  (efectivamente, el calor que notas en la cara es de los rayos láser de sus ojos)
 "en el probador te voy a hacer la caída de Roma...disculpe señora, pensaba que era mi mujer"  (si no te abofetea...huye o te dará su número de teléfono)
 "a la rubia del otro probador le quedaba de lujo" (huye, corre todo lo que puedas)
 "me llama mi mujer" (eres hombre muerto)

Estoy convencido de que tanta pregunta, sobre cómo le queda la ropa forma parte de algún oscuro ritual de tortura. Porque mi mujer sabe de sobra que yo no tengo ni pajolera idea de ropa. De hecho mi ropa la elige ella para evitar que vaya por la calle vestido como una mezcla entre chiquito de la calzada y el rey del carnaval de la once. Y no es que no me preocupe en qué ropa se ponga, como la mayoría de hombres estamos más pendientes de saber cómo se quita esa ropa. De hecho debería recordar que una de las primeras cosas que hice cuando nos conocimos, fue desnudarla.

Pero no va a ser todo aburrimiento, también se pueden aprender cosas. De hecho me llamó la atención una etiqueta de un vaporoso minivestido azulón en la que avisaba en inglés de que había que tener cuidado con los sofás blancos. Vamos, que el vestido destiñe más que un finlandés bronceado a pistola. Y está bien que se avisen de tales eventualidades. Yo imagino que la primera vez que se dio la circunstancia de que un minivestido azulón pusiera un sofá blanco como la camiseta del Málaga, pudo suceder una calurosa noche de verano ... los padres se han ido de fin de semana lejos y han dejado la casa a disposición del hijo de veinte años. Así que éste llega a las 4 de la mañana acompañado de la chica del minivestido azulón. Se produce una intensa y sudorosa refriega sexual en el blanco sofá. A la mañana  siguiente la chica ha desaparecido y el muchacho despierta con un resacón horrible sobresaltado por los gritos de su madre. 
-Hijo ¿que has hecho en el sofá? 
-Yo no he hecho nada. 
-Pues algo habrás hecho porque parece que han despellejado encima a Papá Pitufo.

Una de las cosas que me llamó la atención es que al estar en un centro comercial tan gigantesco, hay muchas firmas diferentes. Pero es sólo apariencia. Los de Inditex, tienen muchos nombres para disimular que son la misma empresa, pero hay veces que a los creativos de la firma se quedan encasquillados y no son capaces de encontrar nuevos nombres y van a lo fácil: Zara Mujer, Zara Hombre, Zara Niño, Zara Home, Zara Goza, Zara Bragas (¿que no? ellos lo han puesto peor que lo han llamado oy-shosho). Ya sólo les falta que pongan un Zara Coches y un Zara Tatoos. Pero me aterra la idea de ir a cambiar el aceite del coche y que tenga que conjuntar el anticongelante con los retrovisores.

Hay dos cosas fundamentales que ayudan a disolver el poco cerebro que se pone un hombre para ir de compras: la música y la falta de espacio.

Yo me hago cargo que alguna de las técnicas de marketing se basan en arrear en la cara al comprador con la ropa hasta que éste por evitar el riesgo de asfixia compre algo y pueda llenar los pulmones de aire, pero para un sufrido marido que intenta seguir a su mujer entre una selva de perchas, expositores, carteles que cuelgan del techo, pasillos en los que te enganchas a la vez con los dos hombros en la ropa, mientras tratas de esquivar a una señora con el pelo cardado que has visto en siete tiendas consecutivas y saltar por encima de una dependienta que está agazapada invocando al dios de los bajos de los pantalones deshilvanados, pues la sensación empieza a ser angustiosa. Estoy convencido que hay más espacio libre en la cueva de un brujo nepalí. De hecho para intentar perseguir a mi mujer por la tienda hay que desarrollar la agilidad de un monje shaolín. Estoy convencido de que los de las escenas de Matrix en las que esquivan las balas...las hicieron en una tienda de H&M.

En cuanto a la música, me he dado cuenta de que hay una absurda contradicción. Cuanto más mayor es el cliente tipo de la tienda más suave es la música. Tendría que ser al revés. En las tiendas a la que van a comprar las abuelas sordas la música tendría que estar a todo volumen y en las de ropa para jovencitas debería ser un susurro porque todavía tienen las orejas por estrenar...supongo.

También se nota la diferencia de estilo musical. Entras en una tienda en la que la imagen es Norma Duval y la música incluso se puede canturrear. La reconoces y te sabes la letra. Si entras en una tienda de jovencitas, es como presenciar el intento de huida de una mosca de 40Kg contra un cristal. pam pam pam pam pam. Recuerdo una de las canciones que oí porque no me costó recordar la letra y si llego a reconocer al cantante le coso la boca. Era algo así como "el amnésico de Puerto Rico", en realidad no lo de amnésico es deducción mía, porque en un minuto fue capaz de repetir Puerto Rico unas treinta veces, supongo que para intentar recordar dónde quería ser enterrado.

Y el culmen de esta música es cuando entras en un local en el que hay una multitud de personas que se retuercen al ritmo de la música como si se estuviera celebrando la convención anual de afectados por sobredosis de hemoal y fueran hasta las pestañas de efedrina. Y además hay espacio libre ¡se ve el suelo! bueno, se intuye porque está todo muy oscuro. Así que no estás seguro de si estás en una discoteca porque en el fondo a la derecha hay una aglomeración de mujeres: sin duda son los aseos. Pero no son los aseos, son los probadores.

En ese momento hasta los ateos rezamos para no tener que ir a los probadores, pero la ley de murphy está ahí para arruinarte un poco más la vida y ves a tu mujer que llega sonriente con 17 cosas, te las echa encima, para que no puedas huir, y te dice, "acompáñame al probador"...La sorpresa del momento te hace olvidar que lo mejor sería comprar una maleta para acarrear tanta ropa hasta el fondo de la cueva. Pero como estás tan aturdido por la música que la persigues con aspecto de árbol de navidad hasta los probadores.

La sensación de un hombre en un probador de mujeres es complicada, te pongas dónde te pongas estorbas. Eres como un armario ropero de tres cuerpos con las puertas abiertas. Además tienes que hacer el gesto de no mirar, para evitar que alguna te tilde de obseso... pero cómo explicas que la baba que te cae es porque estás al borde de la apoplejía y no porque te excite ver un refajo...Así que cuando tu mujer asoma y te dice "ve a buscarme otro igual que este pero de la 42" es como si se hiciera la luz después de una tormenta.

Sales aliviado de los probadores y todo parece que mejora, te cruzas con una chica que te sonríe con un 3 gigante en la camiseta escotadísima y dudas de si es una promesa o una amenaza, ignorante de las realidades de la vida sonríes sin darte cuenta que estás a punto de enfrentarte a una de las pruebas más duras que hay en una tienda: Conseguir algo de la talla 42.

Primero no tienes ni idea de dónde puede haber un pantalón igual que el que tienes en la mano. Así que buscas a una de las dependientas que sólo con oirte balbucear "yo, marido, inútil, pantalón" te señala con el dedo la dirección y continúa hacia otro sitio retorciéndose al ritmo de la música. Cuando consigues llegar al lugar, tienes que descifrar las etiquetas. Hay que distinguir los precios en euros, libras, dólares y pesos mejicanos, de los códigos de barras, de la fecha de caducidad y  de las tallas en Europa, Francia, Italia, México, Rusia y Pamplona. Claro ves 34, 42, 44, 17, 8 y le das la vuelta al cartoncito para saber también el número complementario. En cuanto te adaptas al lenguaje de las etiquetas es cuando descubres que es misión imposible. La talla 42 es una invención, un cuento de viejas...flacas, una entelequia. La talla 42 es el santo grial de la ropa, todo el mundo la busca pero muy pocos son los que consiguen encontrarla. De hecho cuando adquieres experiencia te das cuenta de dónde pueda haber un pantalón de la talla 42, porque es una estantería especial en la que hay una sóla percha con un cuchillo ensangrentado atado con una cadena, para que la primera persona que lo agarre se pueda defender, mientras sujeta la prenda fuertemente contra el pecho gimiendo "mi tesoroooo, perrraaas"

Después de tanto estrés uno acaba agotado, pero satisfecho por haber ayudado a que ella haya hecho sus compras, comentas inocentemente que pudo elegir entre mucha ropa y te llevas la misma frase que si estuviera en el armario de casa "Bah, no había nada para ponerse". Eso ya hunde en la miseria a cualquier hombre. Menos mal que me hice nudista y no tengo que pasar por ese calvario para elegir bañador.

postHeaderIcon Instrucciones de Nuria Roca para fingir un orgasmo



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El título es bastante explicativo. Se trata de un audio en el que Nuria Roca, con una deliciosa vehemencia, explica como fingir un orgasmo. En el programa de radio en el que lo hizo estaba rodeada de hombres, que apenas podían tragar saliva. Así que recomiendo al público masculino que tenga en cuenta los efectos secundarios que puede haber en el hecho de oír gemir rítmicamente a una estupenda mujer.

El audio lo tenía guardado en un rincón perdido del disco duro, y cuando lo vi me acordé perfectamente de aquella fría mañana en la que yo conducía hacia mi trabajo medio dormido. Por alguna misteriosa razón lo que escuchaba en la radio me hizo despertar de golpe. Levanté inconscientemente el pie del acelerador para disfrutar de los matices de una voz tan dulce (ejem, no pensaréis que voy a decir toda la verdad...¿eh?). Y no era el único, la enorme caravana de coches que iba en la misma ruta que yo, levantó el pie del acelerador y sin ver ninguna luz de freno viajamos un ratito a una velocidad que habría provocado insultos en cualquier otra situación. Esa mañana la gente no se bajaba apresuradamente del coche, daba los buenos días y emprendía una ligera carrerrilla hacia la entrada de las oficinas. Ese mañana, observé cómo muchos se quedaban (nos quedábamos) en el coche un ratito más, como esperando los bises en un recital de Joan Manuel Serrat. Y por la cara, probablemente recordando los bises de algún otro concierto...

Así que he pensado que podría serviros para despertar a vosotros también.

A las mujeres esta entrada no creo que os llame mucho la atención, salvo algún comentario de "bah! yo lo hago mucho mejor" Siento que no tenga a mano ninguna grabación de Huge Jackman  fingiendo un orgasmo. No obstante seguro que le encontráis utilidad a esta audio, guardadlo y usadlo convenientemente para despertar a quién os plazca.

Disfrutad del audio.


Gracias Nuria.

postHeaderIcon La moda de llevar ropa con números



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Cada vez estoy más abrumado por la moda de llevar un número en la ropa, como si estuvieras a punto de jugar un partido de algún extraño deporte mezcla entre los equipos de rugby, polo, fútbol y baloncesto de un universidad americana y un presidio centro europeo. Porque hay tanta mezcla de estilos que no sabría muy bien si dar patadas a un balón, correr con el balón en las manos, subirme a un caballo o huir disparando a todo lo que lleve números como si fueran dianas de dardos.

Vale, que la vida cada día se pone más complicada y es más competitiva, pero tampoco es cuestión de ir por la calle con una camiseta con los colores de la empresa e intentar arrebatarle el portátil a cualquiera que sea de un equipo distinto...Bueno, teniendo en cuenta que mi portátil tiene la tercera parte de prestaciones que el portátil de oferta del Carrefour, a lo mejor sí que me compensa quitarle el ordenador al de la competencia... Además quién va a hacer de árbitro de semejante partido? Terminator?? Tampoco me le imagino con una chupa de cuero con el número 2. El 2 de las dos yoyas que te va a soltar antes de que te de tiempo a oír sayonarabeibi.

Lo cierto es que a poco que te fijes por la calle ves números en la ropa. Camisetas con dorsales estilo jinete de polo, de jugador de rugby, de rapero que una vez fue a ver un partido de algo, del año en el que el diseñador echó su primer polvo en la University of Connecticut, del regimiento Garibaldi de peladores de gambas, de recluso en el penal de Gran Hermano o de tonto un millón con una pogüerbalans atada a la muñeca, números, por todas partes.

Parece que algunos quisieran reivindicar su amor por el deporte vistiendo ropa deportiva con grandes dorsales, como si ellos mismos fueran unos grandes deportistas, seductores jugadores de polo, mediáticos futbolistas, apuestos jugadores de cualquier deporte. Aunque muchos de los que visten así son incapaces de distinguir un gimnasio de una biblioteca. Es paradójico que la mayor aproximación que hayan hecho al deporte es luxarse una falange con el FIFA númeroquetoque o a juzgar por la panza, comerse el balón de reglamento.

En realidad detrás de todo esto están los hábiles vendedores de ilusiones que ladinamente nos lavan el cerebro para que compremos sus prendas numeradas. Y recurren a cualquier argumento que hunda nuestros esforzados intentos anti consumistas.

Tengo que reconocer que a fuerza de tanto ver números por todas partes uno se acostumbra. Pero a pesar de que es vistoso, no me gusta. Yo estoy convencido de que los dorsales se pusieron en los deportes para castigar. Para apuntar el número del que cometió la falta, para criticar al que jugó mal sin tener que pronunciar su nombre. Porque los buenos no necesitan número. Los buenos los señalamos con el dedo bien estirado y decimos "mira, ese es Hamilton" "mira, ese es Gasol" "mira, ese es Raúl" "mira, ese es el traumatólogo que no me curó la fractura del dedo índice"

Lo más evidente es venderte la camiseta del jugador de moda, y con eso emular al ídolo. El 23 de Michael Jordan, el 7 de Raúl o el 16 de Gasol, y así vas por la calle con la camiseta oficial por la que has pagado una pasta indecente y que te da un aspecto extravagante, pero contento de hacer honores a un señor que no conoces de nada y que a costa de tu dinero tiene una piscina el doble de grande que tu casa.

Muchos se compran la camiseta del jugador de fútbol que más "ayomáquerico" despiertan entre las mujeres. Supongo que será para ver si alguna es miope y sólo le alcanza la vista para ver el número de la camiseta. Incluso acérrimos culés serían capaces de vestir la camiseta de Cristiano Ronaldo para ligar intentando fardar de abdominales, porque si te acercas puedes comprobar que para fardar de desodorante no es. El caso es que si comparas abdomen...te das cuenta de que no parecen animales de la misma especie.

El reclamo sexual es importante también para vender ropa con números. Pero hay que ser cuidadoso con la elección del número que llevas a la espalda. A ver cómo triunfas en la discoteca con una camiseta que ponga curso del 57, dándotelas de jovenzuelo...aunque quizás te delate más el pelo blanco que te asoma de los oídos.

También se juegan con las indirectas...(esposa)¿Mariano, qué polo has comprado?  (marido) Este que lleva el año en el que nací... (esposa) si tú naciste en el 73 imbécil, deja esa del 69 en la estantería, guarro!

Aún así hay algunos que sucumben a las modas sin saberlo y se plantan un polo de color llamativo. Pero eso no es casualidad. Esos son los machos alfa de la manada a los que les da igual el número que lleven a la espalda. Esos se pasean por cualquier lugar luciendo el número, para avisarte de que tienes que recordar que el 24 es un número sagrado y que por dónde lo veas la única opción que tienes es comprobar cómo las mujeres le siguen con el olfato y le apuntan el número de teléfono con saliva en su cuello. Curiosamente en el caso de Fernando Alonso lo que le apuntaron era la primera parte del Quijote y sobraba espacio...quién se puede resistir la última voluntad de una anciana ciega...

Otro valor con mucho tirón es la sensación de equipo. El otro día yo iba con un polo verde que llevaba un gran número 3, paseando me encontré con otro hombre que llevaba un polo del mismo estilo, con el mismo tono de verde, pero con el número 4...nos encontramos varias veces por las calles de Conil, y creo que si llegamos a encontrarnos una vez más arrancamos una señal y se la estampamos al gilipollas del polo rojo con el número 24.

Todo esto parece que es territorio exclusivo de los hombres, pero las mujeres también copian los malos hábitos masculinos y puedes verlas con números a la espalda. Si alguno ve a una muchacha con un enorme 50 a la espalda, lo más probable es que sea recuerdo de la final de la superbowl de fútbol americano de su novio...así que mucho mejor ni acercarse, eso sí, si quieres abandonar rápidamente la vida hazle un comentario sobre lo que te hicieron por 50 euros en el club Momentos.

De todos modos sospecho que esta moda evolucionará y dentro de poco las chicas podrán alterar los números que vayan en sus camisetas...tanto para dar fácilmente su número de teléfono al del número 24, como para contabilizar el número de tontos del culo que se les acercan como moscones para preguntarles qué significa ese 17 fosforito, perdón, 18.

Menos mal que las camisas de fuerza no llevan números.

postHeaderIcon Me escapé de las tijeras del gobierno



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Tengo la sensación de haberme pegado un abrazo con Eduardo Manostijeras y haber salido ileso. Como en Pulp Ficiton (ir al momento 1:30 del vídeo) cuando tirotean a bocajarro a Travolta y Samuel L. Jackson y comprueban atónitos que no tienen ni un rasguño. Esa misma cara se me ha quedado a mi. Y teniendo en cuenta que las crisis siempre las pagan los pobres he estado a punto de gritar: ¡¡¡Soy Rico!!! Pero me he contenido por temor a que alguna vecina intente comprobar las diferencias entre los verbos ser y estar.
Lo que va a continuación es un mero desahogo, porque la situación económica en la que estamos no está para reírse...o sí, que es lo único que a mi personalmente me queda. De modo que mientras pueda voy a decir que el famoso tijeretazo no me afecta.

* No soy funcionario. Lo fui durante años y me comí todas las congelaciones salariales de la época. Pero ahora me he librado de esta medida.

* No soy miembro del gobierno, ni miembra. Tampoco apoyo a ninguna formación política. Lo cual me permite caminar por la calle criticando con igual frescura a gobierno y oposición. Es más a mi sí que me han subido el sueldo, poquito pero dadas las circunstancias no me quejo.

* No tengo hijos, ni tampoco intención de tenerlos. Bastante risas se hizo la madre naturaleza arrojando al mundo un ejemplar como yo; en agradecimiento haré todo lo posible por que mi estirpe finalice con mi último aliento. Y mientras tanto ahorro al estado cheques bebés, gastos de educación, sanidad y destrozos vandálicos que pudieran realizar mis descendientes.

* No tengo pensión, ni aspiro a llegar a la edad de jubilación nunca. Salvo que llegue a vivir más de un siglo que será a dónde vaya a parar la edad de jubilación.

* La reducción de las ayudas al desarrollo tampoco me afecta, porque la empresa para la que trabajo ya estaba haciendo aguas, así que lo de irme al paro será cuestión de tiempo, tanto con crisis como sin ella. Lo que no sé es cuándo será...que incertidumbre.

* El régimen transitorio para la jubilación...quizás esa sea la medida que más me afecta y tenga que estar a régimen hasta la jubilación, porque no me llegará el dinero para comer.

* La reducción del gasto estatal, teniendo en cuenta que los últimos años cada vez que quiero un médico me lo pago yo, o si conduzco tengo que pagar peajes, y que hasta los baños públicos están privatizados, digamos que me da igual. Supongo que esta medida afectarás sobretodo a las grandes empresas que se dedican a subcontratar obras y quedarse un porcentaje sin tener que hacer nada.

* Siempre estuve al margen de la ley de dependencia, por ingresos y por suerte. Además teniendo en cuenta que se tardan tanto en gestionar dichas ayudas que muchas de ellas son concedidas a título póstumo, me daría pánico tener que pedir alguna de ellas.

* No estoy entre los 90.000 españoles que tienen más de un millón de euros. De modo que tengo la enorme suerte de que no me metan otro impuesto más. Tendré que conformarme con soportar la subida del IVA.

De modo que no tengo que preocuparme ni por los tijeretazos del peluquero, porque como para el poco pelo que me queda me meto la máquina, también estoy salvo de él.

Si no fuera porque dadas las peculiaridades de mi trabajo me descontarán de la nómina los días que haya huelga, quiera o no quiera hacerla, que me enerve que no se recorte ni un euro de las asignaciones a la iglesia católica, a los partidos políticos y que no se toque el impuesto de sociedades, estaría contento de tener la suerte de que estos recortes no me arreen con tanta fuerza en los hocicos como al resto de conciudadanos.

postHeaderIcon España es un coche mal tuneado



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A estas alturas de esta película que se llama crisis todavía estamos en que si fueron galgos o podencos, si la culpa fue del chá-chá-chá o todo es debido a que el profe me tiene manía. Y como los fabulosos analistas financieros, grandes estadistas y entendidos varios se chupan el dedo y dicen lo que les parece en función del fresquito que les da en el dedo después de chupársalo durante un buen rato, yo no me voy a resistir a chupármelo, el dedo.

Me da la sensación que cuando admitieron a España en el mercado común, fue como si dejaran jugar a las carreras de coches al niño pobre y tonto del barrio, con cierto aire de compasión por un lado y por el otro con la malicia de saber que con el coche escacharrado con el que nos disponíamos a jugar a las carreras seríamos más que un peligro una diversión. Y no andaban desencaminados.



Como el coche con el que empezamos a participar estaba viejo, con un motor viejo y sin potencia que sólo tenía turismo tipical espanish, agricultura atrasada e industria desfasada; nos empezaron a dar dinero en grandes cantidades. Así el chico pobre del barrio podría arreglar su coche viejo y hacerlo competitivo para poder correr con el resto de amigos europeos. Y no sólo el motor estaba hecho fosfatina, la pintura estaba saltada por todas partes, la abollada carrocería era pesadísima, las ruedas no tenían ni dibujo, la amortiguación era como la del somier de mi abuela, los pilotos-políticos de la época era unos auténticos manazas por la falta de experiencia y los mecánicos-empresarios unos jetas que se dedicaban a buscar piezas de repuesto en los desguaces cobrándolas como si las hubiera hecho con sus propias manos Henry Ford.

Casi sin esperarlo el chico pobre del barrio se encontró de repente con mucho dinerito que le daban el resto de coches de la competición para que arreglara su coche y poder competir mejor; y como un nuevo rico se dedicó a tunear el coche. Lo decoró con maravillosos colores, la carrocería parecía la de un deportivo, alerones, una música llamativa y ensordecedora, brillantes llantas con más pulgadas que la televisión de un gigante y pegatinas con las marcas de moda. Llegó a ser un coche incluso más bonito que el francés o que el italiano, para que vamos a negarlo.

Sin embargo ninguno de los pilotos que pasaron por el coche se preocuparon de hacer que el motor mejorara. Debía de parecerles absurdo gastar el dinero en investigar en que el motor fuera más eficiente, más potente, más fiable; de modo que invirtieron en él lo mínimo, si acaso, alguna pequeña chapuza para que fuera tirando para adelante a base de construir más que ningún otro país del mundo. Y parecía que todo iba bien, porque la carretera estaba bien asfalta, era llana y podíamos mantener el ritmo del resto de coches europeos. Con esas circunstancias cualquier tonto podría pilotar el coche, incluso yo mismo. Fueron buenos tiempos para todos los que querían vivir en la más peligrosa de las mentiras, que es la media verdad.

Pero un día, la carretera comenzó a estar mal asfaltada. El camino se puso cuesta arriba y unos esquivos individuos que nunca salen en las fotos, pero que son los que dirigen la carrera decidieron que les interesaba enviar a los coches por caminos más complicados. Probablemente para provocar averías y vender repuestos. El caso es que el precioso coche español no tenía motor suficiente como para mantener la marcha, el piloto fue pisando más fuerte el acelerador, pero el motor no daba para más, se recalentó y estuvo a punto de explotar. De modo que llegó un momento que todos se dieron cuenta no sólo de la gran distancia que les sacaban el resto de coches europeos, si no de que además la cosa no iba a mejorar.

Estuvieron a punto de dejar tirados en la cuneta a los coches de Grecia, Portugal y España, pero decidieron darles otra oportunidad, porque tampoco se preocuparon mucho de mirar si lo que había debajo del capó era un motor, se conformaron con saber que hacía ruido, sin comprobar que en realidad lo que había era una enano que daba pedales con una grabación del motor de un Ferrari, como así se demostró después.

Esta vez parece que después de poner colorado al dueño del coche, le obligarán a que se las ingenie para obtener dinero para mejorar el motor y de paso darle un buen tirón de orejas a los empresarios-mecánicos, que están acostumbrados a trabajar menos que el coreógrafo de Victor Manuel.

No es tarea fácil conseguir que el coche español pueda mejorar lo suficiente como para aguantar el ritmo del resto de coches. Al piloto le sabotean los mecánicos y el copiloto que le da lo mismo si el coche se estrella con tal de tomar él el volante. Y por si fuera poco la mejor forma que se le ha ocurrido al piloto para obtener dinero con el que comenzar a arreglar el motor es gastar menos dinero en el combustible que movía el motor, parece que va a dejar de usar la macar "CurrantesSufridos", y va a emplear una más barata de la marca "NoMeLLegaPaComer" que es notablemente menos eficiente.

Probablemente a pesar de las dificultades se consiga que el coche español tenga un motor adecuado dentro de unos años: el nuevo pandereta-power 2020. Pero seguro que para entonces habrá que tirarlo a la basura porque lo que triunfará para entonces serán los motores eléctricos.

keagustitomekedao

postHeaderIcon Se buscan pilotos de F1 contorsionistas



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El que pensara que pilotar un fórmula uno se reducía a agarrar con fuerza el volante, apretar con fuerza los dientes y poner los ojos como si estuvieras a punto de estrellarte contra el culo de una elefanta con diarrea, está equivocado.

Sólo hay que fijarse en la cámara subjetiva de los fórmula uno y en lugar de mirar lo rápido que se acerca el guardarraíl de cualquier curva del GP de Mónaco, observar como tocan el volante los pilotos. Hay veces que parece que en lugar de pilotar un bólido estén jugando a la tragaperras que no parara de darles avances.

Y últimamente estos intensos tocamientos han aumentado. En el último gran premio te podías fijar como los pilotos soltaban una mano del volante y la apoyaban en el lateral del coche. Y aunque pareciera que estaban saludando en plan chuleta como un Borbón cualquiera, en realidad lo que hacían era tapara un agujero que han llamado F-Duct -malditos anglicismos...si lo de duct es abreviatura de conducto...y la F lo es de fuck...podrían haberlo llamado er jodío bujero, pero eso no es cool- decía que el agujero cuando se tapa el coche es más rápido. Pero andar soltando el volante a 300 Km/h para meter el dedo en un agujero, además de perversión sexual...me suena a que es una flagrante violación de todas las medidas de seguridad que tanto cacarean los prebostes de la fórmula 1. Podrían haber puesto el agujero en el asiento del piloto así lo podría ir tapando con las nalgas...y de paso poder aliviarse cada vez que vieran como les adelantaba un Red Bull.

Efectivamente el volante de un fórmula uno tiene más botones que un hotel de cinco estrellas. Y aunque parezca que hay una norma que obligue a los pilotos a toquetear todos constantentemente, no es cierto, lo hacen porque les apetece.

Pero tantas cosas tiene que hacer un piloto con ese volante? Pues unas cuantas:
  • Tapar el F-Duct. Dicen que Hamilton lo puede tapar sin usar las manos...no me lo creo, la novia no tiene tanta cara de felicidad.
  • Cambiar el repartidor de frenada en cada curva. Unas veces frena Seur, otras MRW, otras ASM...el caso es que frene alguien.
  • Modificar el alerón delantero. El que mejor lo modificó en la última carrera fue Buemi, que se lo empotró en las ruedas traseras a Pedro Martínez de la Rosa.
  • Cambiar las marchas. Algunos se creen que dándole a las levas sin ton, ni son, pueden cambiar de marcha...y salir una noche en Mónaco, luego otra noche en Barcleona, la siguiente en Australia...no es esa marcha.
  • La radio. Algunos pilotos se mosquean, porque en cuanto consiguen sintonizar los 40 principales les empiezan a hablar desde el box y les desconcentran.
  • Modificar la mezcla de carburante. A veces lo mezclan con cerveza, que dicen que pega más.
  • Tienen que inyectar de vez en cuando aceite al motor. El inconveniente es el olor a fritanga con el que terminan la carrera. Algunos han propuesto que lo que tengan que podrían inyectar aceite de rosa-mosqueta que es mucho más fashion.
  • También tienen que andar toqueteando unos cuantos botones para el diferencial, que los que sepan de verdad de motores podrán explicármelo...para mi son los interruptores que están a la izquierda de la puerta de entrada de las casas, detrás de un cuadro espantoso o de una placa de plástico que no encaja bien.
  • Cambiar entre las diferentes configuraciones del motor. Para lluvia, para seco, para ahorrar combustible, para hacer que la declaración de la renta salga negativa.
  • Accionar el limitador de velocidad cuando entran y salen de boxes. Debería ser obligatorio en el parking del Carrefour.
  • Mover el volante hacia los lados para tomar las curvas...casi se me olvida
  • Tocar el botón soy Kovalainen, para dejar que te adelante alguien al final de carrera
Todo este tejemaneje de los pilotos no les debe parecer suficiente a los dueños de la F1 y quieren más emociones. Por lo visto les gustaría que lloviera sin avisar, o que un le dieran un mortero a alguien del público para que se dedicara a hacer socavones por sorpresa en el circuito, o que una mujer desnuda corriera por la pista y el coche que se detuviera para no atropellarla se le penalizaría con 40 segundos varado en el arcén...pero como todo eso son medidas poco viables...parece que lo que tienen pensado es sobrecargar todavía más las funciones que el piloto debe modificar en el volanete.

De hecho para el año que viene quieren que haya más cosas en los volantes

  • Volverá a haber KERS, que para el público no profano es un botón que pulsa el piloto y se oye un ruido como el de un globito pinchado.Pero que como todos los pilotos lo pulsan a la vez en los mismos sitios no sirve para mucho.
  • Otra cosa que quieren que haga el piloto es que vaya fumando un habano de 45 centímetros durante toda la carrera. Si el habano se apaga deberán pasar por boxes para que se lo vuelvan a encender. Pero esta medida está descartada de antemano. No por los inconvenientes que da el casco, si no por que haría falta instalar un cenicero y tendría que abrirlo con la minga.
  •  Además tienen previsto poner un pequeño teclado para que vaya twitteando sus impresiones durante la carrera. Los retwiteos contarán en el tiempo final de carrera.
  •  También se les pondrá una pantallita para que en las rectas puedan jugar al Pang
  •  Se está pensando que por fin se incorpore el condensador de fluzo como un elemento indispensable en el fórmula uno. Que será controlado también desde el volante con un número primo superior a 20 de botones todavía por determinar
  • Otra idea que puede que se ponga en práctica es poner dos botones por rueda para que se puedan inflar y desinflar en función de la temperatura del cochinillo al horno que hacen en Segovia.

Por todo ello y dado que por mucha mutación genética que se haga los pilotos no van a tener dedos suficiente para aporrear el volante, la organización está estudiando contratar nuevos pilotos para la fórmula uno.
  • Hay un grupo de ojeadores en los circos y salas X de todo el mundo, buscando contorsionistas capaces de usar pies, manos y cualquier otro apéndice corporal para accionar todos los botones.
  • También se ha pensado en entrenar orangutanes para pilotar los F1 con las manos y los pies. Esta medida ha tenido una gran aceptación por parte de Bernie Ecclestone que ha comenzado a soñar con ser, por fin, más atractivo que los pilotos.
  • Además algunos caza talentos de la fórmula uno, han hecho algún casting para comprobar si el batería de Judas Priest, o el de Iron Maden son capaces de generar todas las pulsaciones necesarias.
  • Otro intento fallido fue el de usar pulpos para que con los ocho tentáculos pudieran accionar debidamente los botones. De hecho en el laboratorio fue el intento que más éxito tuvo...pero en un ensayo general que se hizo en Brasil...los pulpos saltaron de los monoplazas de forma descontrolada y asaltaron a todas las hermosas azafatas de la organización. Alguna en mitad del caos no se enteró de la circunstancia y comentó a la de al lado "No habían echado de la F1 a Briatore??".
Si de verdad la fórmula uno es ese gran banco de pruebas de tecnología punta que luego se aplican a los automóviles de calle, miedo me da que el volante de mi coche se llene de botones que no necesito. Lo mismo la próxima vez que vaya a comprarme un coche huyo despavorido y me compro una bicicleta.

postHeaderIcon El jefe indolente



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La oficina central era una gigantesca sala blanca. Apenas se podía distinguir en el final las paredes del techo. Hasta dónde alcanzaba la vista había una sucesión de mesas blancas, todas con su correspondiente pantalla plana en las que se veían escenas cotidianas de todas las partes del mundo.

El resto del personal de la oficina vestía uniformes blancos iguales entre sí, que sólo se diferenciaban en el color de las solapas para indicar el peldaño del escalafón en el que se encontraban. No paraban de moverse de un lado para otro, con calma, pero sin pausa. Parecía que formaran parte de una colosal coreografía burocrática.

De negro, con paso distraído y ajeno al movimiento que le rodeaba paseaba, satisfecho, el responsable de tan bien organizado caos. El viejo de melena y barbas completamente blancas deambulaba con mirada ausente moviéndose entre sus empleados ensimismado en sus pensamientos, hasta que fue abordado por un apuesto joven de solapas doradas.

Se notaba que el joven tenía una confianza especial con el jefe que no había con el resto de empleados, era el único que se podía dirigir al anciano jefe sin enrevesados preámbulos.

-Hola jefe -dijo, directo, pero con total corrección- le traigo los informes que me pidió ...

-Gracias -le interrumpió el viejo, saliendo de su sopor- siempre tan eficiente. Estoy muy satisfecho con tu trabajo.  Y...

-De eso quería hablarle, si me permite. -susurró, sabía como todos que no era aconsejable contrariar al viejo y cargó sus palabras con el más dulce de los tonos- Llevo mucho tiempo con la misión que me encargó y esta labor de servicios sociales me ha permitido conocer a fondo las grandes miserias y penurias que pasa la gente...

El jefe hizo oídos sordos, no le apetecía escuchar quejas y menos procedentes de su colaborador más cercano. Con la mano y gesto displicente detuvo el discurso del joven y continuó con lo que quería decir al principio.

-Sí, sí, sí ... Estoy muy contento con tu trabajo y estoy pensando en que puedas sustituirme de vez en cuando. Estás perfectamente preparado para asumir toda la responsabilidad. Has trabajado muy duro y te mereces este gran reconocimiento.

El halago y tan estupenda oferta no parecieron hacer el efecto esperado en el joven de solapas doradas, lo cuál contrarió al anciano, que de repente recordó la queja inicial que tanto le preocupaba a su futuro sustituto.

-Respecto a lo que decías sobre las miserias es cierto, pero no se le puede dar todo a la gente, cae en malos vicios. Por otro lado las penurias siempre son un acicate para tratar de mejorar. En la mano de cada uno está el intentar esforzarse en superar la adversidad. -trataba de quitarle importancia a un asunto incómodo que no le apetecía tratar- No obstante deduzco por tu tono que la situación ha empeorado ¿Tan mal está la cosa? Lo cierto es que ahora estoy más pendiente de un proyecto de marketing sobre lo que hemos logrado, que en este tipo de detalles. Los resultados de las encuestas no parecían ser tan negativos.

El joven estaba decidido a que esta vez el anciano no se le escapara con evasivas. Había meditado mucho sobre la situación y tenía claro lo que quería hacer. El tono con el que dirigía a su superior cada vez era más severo. Estaba claro que con dulzuras el patriarca se le escaparía como lo había hecho tantísimas veces antes. Así que decidido a no dejar pasar la oportunidad para criticar, continúo con sus reclamaciones.

-La gente siempre le hecha la culpa de sus males a quién tiene más cerca, por eso nos libramos de valoraciones negativas...-quería dejar claro que no estaba de acuerdo con la excusas fácil de las encuestas- Pero también quería hacer un comentario sobre el folletín de propaganda que estás haciendo. He visto el primer borrador en el que se cuenta el inicio y cómo conseguiste levantar todo esto de la nada...y no hay quién se lo crea.

-Sí, me he tomado ciertas licencias...-respondió socarronamente el líder- pero a mi me gusta como queda. Y estoy seguro que habrá muchísimos que ni se plantearán ponerlo en duda, ¿no te parece divertido?

Casi no podía contener la risa, pero la mirada del subalterno hizo que tuviera que guardársela para una mejor ocasión. Y sólo pudo continuar escuchando.

-Llevo mucho tiempo gestionando personalmente todos los temas sociales que me has encargado, y estoy preocupado. Creo que no hacemos lo suficiente por la gente. Estoy viendo todos los días una gran cantidad de miseria y de injusticias. Las enfermedades se ceban con los más débiles, los niños mueren de hambre, la mayoría de la población subsiste en la pobreza absoluta, la violencia estalla por todas partes. ¡Nos están reclamando ayuda sin parar y nosotros no estamos haciendo nada!

-Les damos esperanzas, dijo el jefe intentando aplacar los ánimos.

-¿Esperanzas? -respondió más airado todavía- Unos fantasean con comida, otros se resignan a esperar una muerte menos cruel que la vida, los fanáticos se aprovechan de nuestra pasividad. ¿Eso es lo que quieres darles?

-Me hago cargo de las dificultades, pero tu trabajo no es facilitarle la vida a la gente. Así que apacigua tu ánimo y toma las cosas según vienen. Ten en cuenta que tú sí que vives como un auténtico príncipe, gracias a mi.

-¿Se supone que por eso debo ser servil? ¿Tengo que hacer como todos estos lameculos que hay por aquí? Estás muy mal acostumbrado y estás confundiendo el respeto con el temor que todos tienen a tu mal carácter.

El jefe apenas podía balbucear un argumento para detener el torrente de reproches de su mano derecha. El joven estaba desatado y no parecía que nada pudiera detener el torrente de críticas.

-Tú todo te lo tomas a risa. Estás aquí medio dormido, sin que te importe la gente una mierda. Mientras yo he estado con ellos en la calle, respirando el olor a miseria, viendo como una enfermedad tras otra acaba con miles de personas de las formas más crueles que se puedan imaginar. He visto morir niños de hambre sin que sus padres pudieran hacer nada por remediarlo. Hay gente que tortura a sus propios hermanos, viola niños, hay guerras, la codicia dirige el mundo. He intentado darles alimentos, cumplir algún sueño suyo, eliminar las enfermedades y tú deniegas todas mis peticiones sistemáticamente, cabrón.

Todo el personal de la gigantesca oficina se detuvo asombrado ante la vehemencia del joven. Nunca nadie se atrevió a empelar ese tono con el jefe. Incluso el propio patrón quedó a merced de las palabras del joven, que le miraba con los ojos encendidos, continuando con su discurso.

-Yo soy el que se preocupa constantemente de ellos, el que vela por su descanso, yo soy el que lucha contra tu dejadez...y los muy estúpidos ponen en las encuestas que están contentos con lo que haces. Pero a pesar de ello, quiero ayudarles, porque ellos no tienen la culpa de que tú les engañes, de que les ignores y sólo te acuerdes de ellos para reírte en su cara.

El anciano jefe salió de su estupor y dominando su conocida ira, habló con voz templada:

-Ya veo que hay veces que uno se equivoca...Es evidente que me equivoqué contigo. Tu carácter blando es la prueba de que que no estás preparado para sustituirme. Dame tus galones, no temas,  me has servido bien y te enviaré a un buen destino.

-¿Así solucionas todo? Si no te gusta algo lo alejas de ti o miras para otro lado. Contaba con ello.

-¡Obedece! ¡Dame tus solapas doradas y olvida esas ideas absurdas!

-Sí, me voy a ir de aquí, pero no a dónde tú decidas. Voy a volver con la gente y les voy a dar todo lo que quieran. Voy a hacer todo lo posible para que su vida mejor. Las facilitaré formas para que alcancen sus anhelos. Sé que no tengo los medios que tú tienes, pero lucharé. Sé que toda tu propaganda barata irá contra mi, pero no me importa. Prefiero todas la calamidades antes de estar un segundo más en tu presencia. Y -mirando a toda la sala- el que esté harto de este anciano déspota se puede venir conmigo también.

Acto seguido se despojó del uniforme lanzándolo con desprecio a la cara del jefe y dándole la espalda dio el primer paso de su camino sin retorno.

Unos pocos le imitaron y pasaron rozando al jefe con descaro, que atónito observaba una rebelión que nunca había imaginado que pudiera suceder.

-¡A mi no me lleva la contraria nadie! ¡Nadie! ¡Regresad desagradecidos!

Airado, frustrado y estallando en furia infinita sólo pudo masticar un rencoroso "¡Lo vas a lamentar, Lucifer!"

postHeaderIcon Me caigo redondo con la sangre



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Soy de naturaleza impresionable. Dicho así, queda hasta bien. Aunque lo que realmente quiero decir con ello es que me caigo redondo en cuanto veo algo de sangre. Cualquier otro hombre se agarraría a esta estupenda excusa para no tener que acompañar a nadie al médico o al hospital. Pero cuando en tu tierna infancia los padres te animan a coleccionar los fascículos de una enciclopedia médica durante casi tres años, esta característica anecdótica se convierte en una pesada cruz que es mejor no mencionar ni como excusa.

Creo que mi madre todavía no me ha perdonado que frustrara su ilusión de tener un hijo médico y todavía me recuerda de vez en cuando cómo me desvanecí la primera vez que vi un parto...en la televisión...y eso que era en blanco y negro.

Cuando confieso esta especie de hemofobia las mujeres acostumbran a pensar que si llego a tener que menstruar todos los meses iba a ser más famoso que un murciélago con miedo a la oscuridad. Pero en esta ocasión la naturaleza en lugar de ser sabia, era una cachonda con ganas de divertirse. No, no hizo que menstruara, que eso sí que me habría dado fama mundial; si no que me obsequió con una patología llamada epistaxis frecuente, que no hace referencia a ninguna compañía de taxis griega, si no que lo que quiere decir es que sangro por la nariz con mucha facilidad. De hecho podría haberme puesto a trabajar con las señora Rosario que hacía unas morcillas de lujo...pero que trabajaran menores de edad estaba mal visto...Así que era un gracia cuando cada vez que me sonaba, estornudaba, o me agachaba deprisa a atarme los cordones de los zapatos y empezaban a caer gotas de sangre al tiempo me tambaleaba, me ponía pálido y terminaba sentado en el suelo más pálido que el primo albino del conde Drácula. Si me conocían no pasaba nada, pero si pasaba en mitad de la calle encima se montaba un circo alrededor que en lugar de ayudar empeoraba las cosas. Y siempre se oía algún comentario original del tipo "Anda que si llegas a ser mujer..."

En realidad no podría calificar este problema como una hemofobia, porque en realidad muchas veces noto como me empiezo a marear sin llegar a ver una gota de sangre. Simplemente con oír algo, por ejemplo el ruido metálico del material quirúrgico; o el olor a hospital...noto como las rodillas se me empiezan a aflojar e instintivamente busco la pared más cercana; que es mucho más llevadero resbalar como un borracho contra una pared, que caer como un tronco en un festival de leñadores de Oregón y despertarte con la cara como si te hubiera dado de comulgar un cura cabreado.

Por suerte con el tiempo he logrado controlar y templar mis nervios hasta el punto de conseguir aguantar con estoicidad cómo le extraían un tubo, a mi juicio enorme (parecía una parte del oleoducto argelino), que drenaba una operación de vesícula de mi mujer y que hizo brotar un chorrillo de sangre de un metro. El médico le quitaba importancia diciendo "esto está estupendo" y yo le miraba con cara de "estupendos estaban los callos que me acabo de comer en la cafetería, ¿QUIERES VERLOS?". Lo cierto es que además de un profesional impresionante era (y es) una estupenda persona. Pero con extraño sentido del humor. De hecho el día antes, al terminar la operación y contarme lo bien que había ido todo, va el tío cachondo y me da un frasco con lo que se supone que era la vesícula biliar de mi mujer y me dice "Esto es para que lo lleves a biopsiar, es al otro lado de la calle...". Yo me quedé agarrado al frasquito, hipnotizado y pensando este lo que quiere es que me atropelle el autobús al cruzar la calle. Pero me terminé reponiendo y fui capaz de cruzar la calle...sólo tardé hora y media. Encima al regresar todos me preguntaban que qué había estado haciendo tanto tiempo...y claro ¿cómo les iba a explicar que le había enseñado los callos a la chica que recibió (entre otras cosas) el fasquito?

Por otro lado el tema de la sangre lo superé bastante el día que amanecí rebozadito en sangre desde las orejas a las rodillas, como si me hubiera escapado de la matanza de Texas (y ahora sí que no estoy exagerando nada, tardé unos cuantos días en recuperar la sangre que perdí). La solución fue sencilla, te meten un tubo incandescente por la nariz y te la achicharran por dentro...y a partir de ese momento en lugar de sacarte mocos de la nariz lo que te sacas son ladrillos de kilo y medio...pero tienes la ventaja de que tener peor olfato puedes entrar en una pocilga y dar lo buenos días como si entraras en el bar de sin vomitar. Además como eso ya me lo hicieron con 17 años no había problema que perdiera ningún diente al intentar comerme mocos de tanta consistencia.

Por todo lo anterior lo paso mal en muchas ocasiones que acompaño a mi mujer a cualquier consulta médica.

De hecho observo que muchas mujeres tienen especial interés en participar en un macabro concurso en el que gana aquella a la que le han hecho la carnicería más atroz. He asistido atónito a conversaciones en los que una señora daba explicaciones sobre una cesárea que le hicieron sin anestesia y se apartaba el refajo para enseñar la ciactriz, como si la hubieran cosido con las amarras del Titanic...y la de al lado no iba a ser menos, que poco más y dice que le han operado tantas veces del estómago que en lugar de cicatriz lo que le han puesto es una cremallera. Y si no es eso, siempre está el concurso de los dolores de parto, alguna ha llegado a decir que estuvo dilatando día y medio...que yo ya me imaginaba que estaba pariendo un Volkswagen Polo. Hay veces en las que puedes empezar escuchando un comentario sobre un grano de pus en la nariz y terminar, entre náuseas, oyendo como un elefante borracho le hacía un transplante de corazón a una niña epiléptica en mitad del incendio de San Francisco.

Y claro, yo todo ese panorama lo aguanto como puedo. En parte con una curiosidad enfermiza y en parte porque no quiero moverme tambaleándome, con riesgo de que regurgite hasta los potitos que me dieron de niño...porque seguro que las señoras aprovecharían la ocasión, primero para reírse del género másculino (cosa que tampoco es complicada) y en segundo lugar para entrar en un concurso de vómitos. No me extrañaría que alguna de las de la animada tertulia contara que estuvo vomitando siete semanas, mientras nadaba en un charco de sangre, huyendo de un médico que le quería amputar el cielo del paladar con una motosierra...

Y todo esto me lo ha traído a la memoria, mi visita por urgencia al hospital esta misma mañana, acompañando a mi mujer (Lo cuento y lo adorno porque ella misma ha hecho alguna gracia al respecto). Mi mujer, como todas, es una gran sufridora y después de unos días con una pequeña hemorragia y algunos dolores preocupantes, me sugirió que fuéramos urgentemente al ginecólogo, mientras me retorcía con sutiliza las gónadas. A lo cuál yo accedí gustoso con una sonrisa de oreja a oreja.

En la consulta todo iba estupendamente, no había ningún corrillo de señoras escenificando ninguna carnicería. El hospital no olía a hospital...bien. Pero después de las preguntas de tanteo del ginecólogo y de empezar a explorar mi señora en la sala de al lado, comienzo a oír:

[Doctor a mi mujer] "Tienes un pólipo" [yo mismo]...un poliqué? si mi mujer no se baja ni politonos, va a tener un policualo...
[Doc] "cuello del útero" [en mi cabeza] y como el conocimiento de anatomía femenina de los hombres es bastante limitado, mi mente ya empieza a desvariar y las paredes de la consulta se me empiezan a venir encima
"hay que extirparlo, inmediatamente"  comoooor???
"sin anestesia" hostia! esto sí que va a ser la matanza de Texas...y encimna no sé si voy a dejar media docena de dientes en la mesa del despacho o directamente me voy a desnucar por el lado contrario.

En esto, el ginecólogo, abandona la sala y entra en el despacho en el que yo ya tengo una cara de camaleón que asusta (verde y con los ojos mirando en trayectorias opuestas) y me dice "Buenas noticias!" Buenas? joder macho...tú antes que has sido el relaciones públicas del Atlético de Madrid, verdad? Y una noticia mala como es? Le acompaño en el sentimiento...

Me miró raro, por mi cara se dio cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza y como buen doctor...me ignoró.

Regresó a la sala con un frasquito de formol y siguió hablando con mi mujer, que se quejaba de forma intermitente.

"Tranquila que no te va a doler" Uff le va a doler!
"Va a ser un momento" Encima va a ser complicado

Y de repente, según palabras de mi mujer le ve asomar con cara sonriente de entre sus piernas (las mujeres sabéis perfectamente la agradable postura de la que hablo)...y mostrándole con infantil orgullo el pólipo como si fuera un tripa de unos cuantos centímetros "Mira que bonito!" dice el jodío. Como si hubiera pescado una trucha....por lo que contaba mi mujer me recordó a mi mismo de chaval pescando y diciéndole a mi padre con una de mis primeras capturas todavía saltando en el sedal "Mira Papá, he pescado una trucha" "No hijo, si una loncha de bacon puede envolver al pez, en lugar de entrar dentro...no es una trucha" y acto seguida la misma trucha, ofendida, se soltó del anzuelo y volvió al río.

Al poco tiempo ya regresó mi mujer, más o menos renqueante y el ginecólogo triunfal con el botecito de formol y con el alien dentro. Yo creo que ya estaba pensando cómo iba a vacilar a los compañeros a la hora del café, seguramente comiento una tostada de jamón... Y seguramente también entrarán en algún concurso de atrocidades médicas del tipo "Yo un día disfrazado de elefante le hice un trasplante de corazón a una niña epiléptica en el incendio de San Francisco" y el de al lado "Eso no es nada, yo ayer en lugar de suturar una operación de estómago, le puse una cremallera"

Y yo que casi había recuperado color humano, en cuánto me puso el bote delante de las narices, noté que empeoraba. Menos mal que esta vez el galeno se apiadó de mi y me dijo "no te preocupes, estuve en un parto en el que el marido cayó redondo hacia atrás y tuvimos que darle 10 puntos" Eso! tú anímame!! Venga esta noche ponle a la Pantoja un capítulo de Prision Break para que vaya haciendo boca...eh? Pero en el fondo es un tío listo y encantador y se dio cuenta de que lo que me convenía era que me dejaran a mi aire y en dos minutillos ya podía caminar como las muñecas de Famosa.

Por suerte todo ha pasado, estoy muy agradecido al doctor. Yo estoy repuesto...mi mujer también. Y esta noche pretendo cenarme una buena morcilla de Burgos.

postHeaderIcon Llevar los colegios al campo



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Hoy en día vivimos con la mayor dependencia de la tecnología que jamás haya existido en la historia de la humanidad. La gente se hacina en ciudades en las que molesta que los árboles pierdan hojas, que haya animales, que el clima no encaje con lo que dice el corte inglés o que se pegue tierra a las suelas de los zapatos. 

Cuando falta la electricidad la gente entra en modo pánico y algo tan elemental como comer, asearse o entretenerse son tareas sólo al alcance de Hércules o McGyver. Somos la generación, hasta la fecha, en la que tenemos más informaicón, acceso a más cultura, más comodidades, pero a costa de depender en exceso de la tecnología y por ello cada generación es más vulnerable que la anterior.

Hace pocas décadas en España había una gran cantidad de analfabetos. Era un mal al que no se escapaban ni pueblos, ni ciudades. En una sociedad muy dominada por el medio rural hacer que un niño asistiera al colegio en lugar de trabajar en el campo era un lujo que en muchos casos no se podían permitir las familias. Incluso en las ciudades los niños tenían que ayudar en el oficio que duramente desempeñaban sus padres y de paso aprendían una forma de vida para el futuro.

El día a día de esos niños les obligaba a aprender a ganarse la vida trabajando en el campo, con el ganado, en una carbonería o en un taller. Incluso aquellos más afortunados que no tenían necesidad de trabajar, andaban por ahí empapándose de lo que había alrededor. A ninguno le era desconocido el funcionamiento de una fragua o de un molino, puede que nunca hubieran hecho un cesto pero los habían visto hacer cientos de veces. Y todas esas actividades que no se enseñaban en la escuela y que aprendían por necesidad les permitían sobrevivir con muy pocos recursos.

A pesar de las carencias los padres se esforzaban para que sus hijos fueran a la escuela y consiguieran una cultura que les permitiera tener una vida mejor. Aquellos padres ignorantes eran conscientes de sus limitaciones y no querían que sus hijos pasaran las mimas penurias, por lo que era importante que estudiaran y aprendieran los logros de la humanidad, la historia, las matemáticas, la lengua, o las ciencias naturales de las que tenían mucha más práctica que teoría.

Con el paso del tiempo las mejoras económicas y sociales hicieron que fuera más factible estudiar y que se fueran quedando en el olvido las actividades más primarias, que antes formaban parte de la vida cotidiana. Se comenzó a ver el trabajo en el campo como algo de bajo nivel a lo que sólo se debían dedicar las personas que no podían acceder a nada mejor. Y siguiendo por ese camino hemos llegado a un punto en el que la mayoría de las personas están mucho más cultivadas intelectualmente que hace décadas (lo de la educación es algo diferente y que no es objeto de este discurso), pero si les alejas los suficiente de un supermercado o de la tecnología a la que se han acostumbrado se marchitan rápidamente.

La imagen del típico paleto pueblerino que hizo tan entrañable Paco Martínez Soria, ha cambiado hacia el descerebrado de barrio que encarna con tanta gracia Paco León.

La tecnología es muy útil, pero depender en exceso de ella es una insensatez. No hace falta que se produzca un apocalípsis nuclear, o un desastre vulcanológico para que nuestra teconología se vuelva inútil y tengamos que volver a intentar comer como lo hacían nuestros abuelos. Nuestra tecnología es débil ante la naturaleza y ante la codicia de las personas. Es una tecnología que se sustenta sobre un modelo económico que no se sostiene.

Hemos recorrido un camino que nos ha llevado del conocimiento de las formas de ganarnos la vida en contacto con la naturaleza siendo bastante incultos, a poder ser cultos olvidando los aspectos más básicos de la vida. Entre tanta discusión para reformar el sistema educativo en el que lo único que está en juego son subvenciones, cuotas de poder y alguna que otra diferencia de temario para que se pinte la historia del color del que manda, lo más sensato sería hacer borrón y cuenta nueva.

Además hay que tener en cuenta que el medio rural está en una situación agonizante y con esta agonía se están perdiendo no sólo oficios que hoy en día consideramos superfluos, si no la sabiduría del vivir día a día de la naturaleza.

Así pues habría que cambiar los lugares de formación de los niños y enviarlos a colegios-granja en el campo. Y de este modo permitirles aprender todo lo que sus padres olvidaron. Conocer el ritmo de las cosechas, darles la oportunidad de sembrar grano, de saber cuándo hay que hacerlo, cómo cuidarlo, saber cuándo y cómo recolectar. Ver cómo día a día florecen los frutales y cómo va madurando el fruto en el árbol. Ayudar a nacer un ternero, esquilar ovejas. Pincharse mientras cogen moras de una zarza. Distinguier el olor de la alfalfa cortada de el de una cuadra por limpiar. Saber que para conseguir alimentos hay que esforzarse y preocuparse. Experimentar la satisfacción de cuidar de los animales de granja y poder observar a los de vida silvestre en su medio natural.

Llegado este momento noto cómo me zumban los oídos. Lo sé. Nadie quiere que sus hijos se alejen de la seguridad de su hogar. Pero en cuanto tienen vacaciones los niños son enviados a campamentos, albergues y si la economía no lo permite a casa de los abuelos; porque con el ritmo endiablado de las ciudades los padren tiene casi imposible dedicar a sus hijos el tiempo que merecen.

Todo un curso escolar en el campo es inviable, pero se podría conseguir que cada alumno pasara una semana cada dos meses en centros de este tipo y temporadas algo más largas durante el verano. En estos centros la docencia continuaría y se complementaría con actividades que enriquezcan la insaciable capacidad de aprendizaje que tienen los jóvenes.

Con medidas de este estilo se conseguirían que los niños crecieran conociendo la naturaleza, aprendiendo a cuidarla y a usarla sin esquilmarla. Es complicado que se intente inculcar a los jóvenes el respeto por algo que no conocen.

El mayor inconveniente de medidas de este tipo sería la oposición de los padres. Sin embargo creo que para los niños un cambio en el sistema educativo de este calibre sería positivo y les permitiría:

Conseguir que sean más autosuficientes. En la actualidad están sobreprotegidos
  • Mayor actividad física. Actualmente el sedentarismo les provoca grandes trastornos de salud. En el medio rural los niños no tienen que estar encerrados en casa para estar a salvo de los coches, pueden jugar sin tener un techo sobre sus cabezas.
  • Conocer qué comen y cómo ha llegado hasta su plato. En la actualidad para muchos niños un pollo son cachos que están en una bandeja del supermercado y son incapaces de asociar la leche con una vaca. Incluso tienen problemas para distinguir una vaca de una cabra o un conejo de un perro.
  • Que el frío y el calor no se alivian quejándose.
  • Que es posible vivir sin televisión, video consola, dvd, vitro cerámica, micro ondas, lavaplatos, lavadora.
  • Poder ver como nace un animal y ayudarle a crecer. La realidad dista mucho de cualquier juego de granjas.
  • Que merece la pena cuidar todo lo que se consigue, porque supone un gran esfuerzo producirlo
     
  • Que cazar y pescar no son deportes, si no actividades que sólo tienen sentido para alimentarse.

Y sobre todo, si un día todas las comodidades que nos brinda la tecnología desaparecen tendrán una oportunidad de salir adelante en lugar de morir de hambre cuando la última lata de fabada haya caducado.

keagustitomekedao
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