
De repente te echan de un par de patadas de tu niñez. Aturdido. ¿Cómo ha pasado esto?. Las cosas dejaron de ser fáciles. Ahora tienes que elegir. ¿el qué? Todo. Todo, desde vanalidades como el atuendo con el que te vas a enfrentar al mundo o la familia, hasta cosas importantes como las amistades, el nombre, la pareja, los vicios, los silencios.
Sin que te den tiempo a organizarte, a decidir quién eres y quién vas a ser, te comienzan a bombardear con consejos bienintencionados. "A ti lo que te interesa es desprintar verdeguíes, es el oficio del futuro" "Tú lo que tienes que haces es casarte y que te den tu lugar" "Quiero nietos" "Que sea de buena familia" Y todo ello aderezado con argumentos de peso "Si yo hubiera podido" "Aprovecha ahora que eres joven" "Hazme caso a mi que soy perro viejo"
Cuando quieres darte cuenta te has lanzado a una carrera de coches locos, en la que tienes que competir contra tu ego y contra todos los demás. En la que te dedicas a seguir una serie de consignas sobre las que no has parado a meditar un ratito sobre ellas. ¿para qué? Es mucho más fácil tirar para adelante sin pensar. No hay tiempo para pensar, es costoso pensar, pensar es de tontos.
De este modo estudias para prepararte lo mejor posible para tu futuro. Tú y otros trincodosmil más con la misma preparación que tú, para tres puestos, bueno, menos que hay que colocar al sobrino imbécil del gerente y a la hija exhuberante de su vecina. Al final consigues tu misión y ese trabajo mal pagado, peor valorado y precario, justifica todos tus esfuerzos; porque si te esfuerzas podrás pisarle el cuello al compañero y ascender antes que él.
Conoces a una persona estupenda y en poco tiempo te han organizado una boda por todo lo alto a la que invitas a docenas de parientes de los que no recuerdas ni sus nombres y que además ni te interesa quienes son. Además te recordarán de por vida que confundiste a tu padrino, el tío Enrique, con un camarero torpón. Aguantas firme los embates del banquete. Ya te han preparado para soportar estoicamente el chaparrón de frases hechas, porque sabes que soltarán dinerito para completar el ajuar de la casa, que han avalado tus padres, los padres de tu pareja y el canario flauta del taxista de abajo.
En cuanto se pasa la anestesia de los fastos nupciales, la rutina, la convivencia se alzan como grandes protagonistas de tu vida en pareja. Además en la loca carrera por pagar la hipoteca, los préstamos temporales, las cenas, los regalos ostentosos, el ascenso prometido; pierdes la perspectiva del tiempo que pasa. Pero te lo recuerdan "Hay que aumentar la familia".
Y parece que es una buena solución al extraño círculo vicioso en que se ha convertido tu vida. Y llegan los hijos, y observas perplejo que no son una solución, son un foco de fricción, de responsabilidades, de gastos a una economía maldita que no te permite detenerte un segundo porque te devorará como Saturno a sus hijos.
Pero todavía puede ser peor. En una huida suicida te autoconvences de que el matrimonio es una carga muy pesada y que es mejor llevarla entre tres. Y lo adornas con alcohol u otra actividad evasiva, para anestesiar una relación forzada por la costumbre diaria.
Y llega un momento que tu vida salta por los aires. Y ves flotar tus ilusiones de joven, tus proyectos siempre pospuestos, aquella persona que era mucho más que una amistad pero sin futuro económico, hijos que lloran cuando te ven, amantes voraces, frustraciones, familia exigiéndote que continúes con lo que ellos no pudieron hacer, abogados, reproches, facturas, pensiones, custodias.
¿Qué ha pasado?
Que estrés. Stop. Parada para tomar aire o encender un cigarrito si estás enganchado.
Muchos por desgracia os podéis sentir identificados en algunas partes. Yo he visto casos similares. Hoy en día, todos hemos sido testigos o protagonistas de partes de lo que contado o de la totalidad.
No sólo se trata de la gran cantidad de separaciones que hay. Si no del fracaso vital de las personas que se guían en la vida de forma inconsciente. Haciendo cosas porque creen que tienen que hacerlas. Por que el hijo del vecino lo ha hecho o la sobrina de fulanita lo ha hecho. Pero, ¿realmente tú lo quieres hacer? ¿Quieres tener tu propia vida? o ¿la que crees que los demás piensan que debes tener?
Haz lo que tú quieras hacer, sin condicionantes. Equivócate y aprende de los errores. Sin miedo al reproche vano de quién no está en tu piel. Eso sí, no creas que va a ser más fácil.
Nadie te obliga a casarte, a tener hijos, a ser de un equipo de fútbol, a ver la televisión, a comprar en el Carrefour. Las obligaciones están expuestas en un capítulo entero de la constitución y de eso en concreto no dice nada. En el código civil tampoco. Lo juro.
La convivencia es todo un arte, pero es un arte que se realiza con pasos sencillos. No quiero que nadie se tome demasiado en serio lo que voy a escribir a continuación. Son sólo apuntes de mi propia experiencia y no tienen garantía, ni tan siquiera para mi.
- En primer lugar está el amor. El amor de verdad, no confundir con el encoñamiento salvaje. Si no el sentimiento tan especial que es complicado de explicar. Tampoco es amor el trastorno compulsivo de dominación con celos. Sin el primer paso da igual todo lo demás. Es absurdo, ni te plantees estar con esa persona, ya bastantes desgraciados hay por el mundo como para generar más.
- Reciprocidad. Pero el amor no es lo único. Hay muchas más cosas que hacer para que una relación sea estable y duradera. Ser consciente que una relación es cosa de dos personas. De nada sirve que una parte de la pareja se esfuerce, mientras la otra parte pasa de todo.
- La familia, poco y lejos. La relación sigue siendo cosa de dos. Ni madres, ni suegras, ni padres, ni cuñados. ¿no tienen vida propia? pues que la cultiven, que ya nos veremos en alguna cena familiar, para insultarnos todos cara a cara.
- El respeto. Si no respetas a la persona con la que convives diariamente, dice muy poco de tu calidad humana y de tu inteligencia.
- Igualdad. Una persona nunca es propiedad de otra persona. Las relaciones de pareja no son una mercadería en la que compras un bien para tu uso y disfrute. Si eso es lo que opinas, por el bien de la humanidad dedícate a detener aviones con los dientes.
- La confianza. Convéncete de que tu pareja está contigo porque quiere. ¿o tú no? Es igual para ambos.
- Diálogo. Hablar y hablar y hablar. Es una forma de compartir los problemas y llevarlos entre dos hace que el peso sea la mitad. Los secretos socavan la confianza.
- Proyectos en común. Dos que van en la misma barca tienen que remar para el mismo sitio y al mismo ritmo, si es que quieren ir hacia dónde se habían propuesto.
- Comprensión. Aunque sea difícil comprender siempre a otra persona, hay que esforzarse en hacerlo. Ninguno vamos con manual de instrucciones para comprender como funcionamos.
- Generosidad. No me refiero al dinero. El dinero lo único que hace es mercantilizar todo lo que toca. Generosidad de todo lo demás. De tiempo, de esfuerzo, de afecto.
- Paciencia. Todos tenemos algún día malo, tú también. Pero un día malo de vez en cuando no es excusa para pasar de todo lo demás. Un buen ejercicio: aguantar una avispa en la nariz diez minutos.
Y aún así hay veces que una mentira piadosa nos viene bien a todos.
Recuerda que contra el vicio de dar consejos, está la virtud de ignorarlos. Hazme caso a mi que soy perro viejo ;-)